Es necesario que las inquilinas y los inquilinos nos organicemos para hacer frente a la crisis de la vivienda y que, juntas, a través de la lucha y la movilización, consigamos revertirla. Por eso, la mejor forma para que el inquilinato se proteja es el Sindicato de Inquilinas.

Pero ¿por qué un sindicato? Desde hace décadas existen sindicatos de inquilinas por toda Europa, por ejemplo en Italia y Alemania. A lo largo de su historia estos sindicatos han cosechado muchas victorias para las inquilinas organizadas gracias a la lucha, la solidaridad y las huelgas de alquileres.

Ahora mismo vivimos una crisis sin igual de la vivienda y del alquiler. Por eso, frente a la especulación y a los fondos buitre, la mejor herramienta con la que contamos es la organización sindical de las inquilinas.

El alquiler en Madrid y en todo el estado vive una situación de urgencia. La escasez de viviendas disponibles, la subida inasumible y acelerada de precios, la venta de bloques a grandes fondos de inversión y el uso de las viviendas con fines turísticos aboca a las vecinas y vecinos a una situación insostenible. Por expresarlo con algunas cifras, en España el parque de vivienda social representa menos del 2% y hay 3.500.000 de viviendas vacías. En la Comunidad de Madrid, en los últimos años el precio de la vivienda ha crecido más del 20% (¡en algunos barrios hasta el 40%!) y hay más de 150.000 viviendas vacías; además, apenas contamos con vivienda pública propia. Actualmente se producen 180 desahucios diarios, de los cuales 100 son producto de la especulación con los alquileres. Esta situación la ha provocado una legislación que deja totalmente desprotegidas a las inquilinas y los inquilinos, y solo beneficia a grandes propietarios.

Queremos que el alquiler sea una opción de acceso a la vivienda asequible y estable. Por eso es necesario regular los precios, paralizar los desahucios y aumentar el parque de vivienda público.

Por eso, en el sindicato hemos elaborado un decálogo de medidas básicas para poner fin a esta situación de manera definitiva. Si quieres consultarlas, haz clic aquí.

Los cambios que proponemos solo los vamos a conseguir unidas y organizadas. Por eso, en el sindicato tenemos varias campañas y formas trabajar juntas..

Asambleas de Inquilinas #NosQuedamos
Es importante que las inquilinas y los inquilinos seamos conscientes del potencial que tiene que nos unamos para buscar, en colectivo, la manera de buscar soluciones a nuestras situaciones particulares: ¡no estás sola! Las inquilinas nos encontramos cada quince días en la Asamblea de Inquilinas, donde compartimos nuestros problemas y los solucionamos entre todas. Además, si tu casero te quiere echar de casa, nosotras sabemos cómo hacerle frente: para ello hemos preparado las campañas #NosQuedamos y #BloquesEnLucha. Haz clic en ellas para saber más.

Formación
La mayoría de inquilinos firman sus contratos de alquiler sin saber cuál es la ley que los regula, que es la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU). Conocer esta ley y saber leer nuestros contratos es una necesidad fundamental para cualquier inquilina/o. Por eso, a menudo organizamos talleres en los que aprender entre todas. Si quieres enterarte de los próximos talleres que tenemos preparados, échale un vistazo a nuestro calendario.

Organización
Para ser más fuertes, las inquilinas tenemos que estar organizadas. Por eso, queremos te sumes al sindicato y colabores con nuestra lucha. Además, tenemos varios grupos de trabajo a los que te puedes sumar para echar una mano. Y si quieres enterarte de lo que estamos haciendo, puedes buscarnos en las redes sociales o unirte a nuestros grupos de Telegram o WhatsApp.

Manifiesto Sindicato de Inquilinas e Inquilinos de Madrid, 12 de mayo de 2017

Tanto en Madrid como en su área Metropolitana los precios del alquiler han alcanzado máximos históricos. En los últimos doce meses el precio del alquiler ha subido casi un 15% en Madrid y un 18 % en el conjunto de la comunidad autónoma.  Esto, sumado a los bajos salarios medios de la población (casi el 50% cobra menos de 1.000€), provoca una auténtica situación de emergencia para quienes no tenemos una vivienda en propiedad. La elevada demanda, la escasez y la carestía de la oferta, así como las garantías que se exigen hacen que encontrar un alquiler sea cada vez más difícil. Y también resulta muy difícil seguir pagando un alquiler: mientras que cada vez les dedicamos un mayor porcentaje de nuestros salarios, los precios no paran de subir. Además hay otros efectos indirectos: la expulsión de los vecindarios tradicionales hacia la periferia, el elevado número de desahucios por impago de renta (el 68 % del total de los desahucios durante los últimos cuatro años) y la exclusión del mercado del alquiler de los sectores más desfavorecidos, que se ven empujados hacia soluciones habitacionales no formales.

Las causas de este fenómeno son estructurales. El Estado ha profundizado su intención liberalizadora y flexibilizadora en las últimas modificaciones normativas (desahucio express en 2008, reforma de la Ley de Arrendamientos Urbanos en 2013): se ha priorizado la vivienda libre y la compraventa frente al alquiler, faltan políticas destinadas a facilitar el alquiler (ayudas sociales, vivienda social) y, en definitiva, la propiedad privada y el libre mercado prevalecen sobre los derechos de las inquilinas.

Pero además de estas causas estructurales, existen otras, coyunturales, que han llevado a la conformación de una segunda burbuja inmobiliaria. Por su creciente rentabilidad, el mercado del alquiler se ha convertido en la nueva apuesta del maltrecho sector inmobiliario y pretende erigirse en un nuevo motor de crecimiento de la economía española. Además, la proliferación de alquileres turísticos a través de plataformas mal llamadas “colaborativas” como Airbnb conlleva incrementos en el precio de las viviendas, cuyos propietarios prefieren alquilar durante periodos más cortos a un precio más caro. De esta forma, el derecho a la vivienda queda subordinado frente al beneficio de los fondos de inversión y de los especuladores.

Ante esta situación, hemos dicho basta y hemos decidido autoorganizarnos para dar una respuesta colectiva. Reivindicando la fecunda tradición de las luchas por el alquiler a principios del siglo XX y las actuales luchas de afectadas por la hipoteca y por el derecho a la ciudad, hemos decidido crear un Sindicato de Inquilinas e Inquilinos. Hoy, aquí, empezamos el proceso de construcción de una herramienta con la que luchar por nuestros derechos: los derechos del inquilinato. El pasado nos enseña que solo a través de la lucha, la organización y el apoyo mutuo es posible revertir el enorme desequilibrio de poder que hay entre inquilinato y propietarios. Estamos convencidas de que este Sindicato es el contrapeso a ese desequilibrio de poder.

Por todo esto, hacemos un llamamiento y una invitación a todas las personas de Madrid para que se incorporen a este camino hacia la creación de un Sindicato de Inquilinas: para poder vivir en nuestros barrios con garantías y derechos, para demostrar una vez más que la unión hace la fuerza.

Sindicato de Inquilinas, 12 de mayo de 2017